Y él seguía allí, mirando a esa hoja de papel en blanco.
Se acordó de cuando, como un niño que finge leer todo lo que querían oír, a continuación, cada vez empezó a escribir un diario, el pensamiento, la poesía.
Diario, de los cuales todos, pero tenía la llave.
Los sueños y esperanzas se alternaron en el que el diario, pedazos de periódico, una vida que quería vivir.
Luego pasaron los años y los sueños fueron decepciones, esperanzas rotas, la niña de soñar y la esperanza de que niña se convirtió en una mujer ya no quiere pensar en el mañana: marido, hijos, trabajo, día a tener que pasar todas las identidades tan diferentes en recurrencia, sin deseo de un futuro sin buscar algo diferente, un prisionero de un papel que no quería ser una falsa respetabilidad burguesa y, en el que todo se había fijado ya para la vida tranquila.
Él temblaba la mano que sostenía ese pedazo de papel, buscando las palabras adecuadas para expresar lo que tenía dentro:
"Yo no estaba, que no son y probablemente nunca lo será."
Dejó el papel sobre la mesa, dejó "la casa sin mirar atrás, hacia el prado un salto, extendió sus alas y voló.

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